By Brianna Morrison, Equal Justice Society 2026 HBCU Law Summer Intern
Would you believe that your health and life expectancy may be shaped not only by your access to doctors or health insurance, but also by where you lay your head at night? Did you know that the same structures put into place to criminalize Black people in America also constrain their access to a safe and stable place to live?
Health equity is often discussed in terms of access to health care. Yet long before someone visits a doctor, their health has already been shaped by where they live. In Washington, D.C., for example, residents of Ward 3 can expect to live about 87 years, while residents of Ward 8 have an average life expectancy of 72 years, a 15-year difference within the same city. [1] Where a person lives can be as consequential to their health as many medical conditions.
The World Health Organization explains that health equity is achieved when everyone can attain their full potential for health and well-being.[2] Many people therefore assume health equity means ensuring everyone can obtain health care regardless of socioeconomic status.
However, health care alone cannot overcome the effects of unsafe or unstable housing. Mold, pests, lead, extreme temperatures, overcrowding, violence, and chronic stress can harm someone’s health before they ever enter a doctor’s office.[3] Achieving true health equity requires recognizing that health also depends on whether housing is affordable, safe, stable, and located in a healthy community.
The relationship between housing and health can be understood through four interconnected pillars: cost, conditions, consistency, and context.[4] Unaffordable housing can force families to choose between rent and food, medication, or other necessities while increasing overcrowding and energy insecurity.[5] Unsafe housing conditions, including mold, pests, lead, environmental contaminants, and structural hazards, increase the risk of illness and injury.[6]
Residential instability, including frequent moves, eviction, and homelessness, can interrupt medical care, employment, and education while producing chronic stress.[7] Neighborhood context also shapes health because access to clean air, nutritious food, transportation, green spaces, and safe places to exercise differs dramatically by location.[8]
These pillars, however, are not distributed equally. Low-income communities and communities of color are more likely to experience unaffordable rent, unsafe housing, displacement, and neighborhood disinvestment.[9]
These inequities are not accidental or simply the result of individual choices. They reflect a history of redlining (the discriminatory practice of denying mortgages and investment in neighborhoods based largely on race), residential segregation, discriminatory lending, exclusionary zoning, and unequal public investment that continues to shape where people live and the health risks they face.[10] Poor health is often the product of unequal systems that limit people’s choices, not simply personal responsibility.
Recognizing housing’s role in health and Black August is only the beginning. Health equity and true liberation require confronting all the policies and power imbalances that determine who has access to safe, stable, and affordable housing. We cannot build a healthier society while ignoring the conditions in which people live.
Policymakers can begin addressing these inequities by expanding affordable housing, strengthening tenant protections against displacement, investing in the remediation of environmental hazards such as lead and mold, and supporting community development in historically underserved neighborhoods.
Communities across the country have also demonstrated that partnerships between health systems, housing providers, and local governments can improve both housing stability and health outcomes. Doctors can treat disease, but they cannot prescribe safe housing, stable neighborhoods, or freedom from displacement. If health equity is truly the goal, then safe and stable housing must be part of the prescription.
[1] Latisha Johnson, Health Outcomes Vary Widely across the Region. How Do People in Your Neighborhood Fare?, Greater Greater Washington (Nov. 16, 2018), https://ggwash.org/view/69879/heres-where-people-are-the-healthiest-in-the-washington-region.
[2] Health Equity, https://www.who.int/health-topics/health-equity (last visited July 21, 2026).
[3] James Krieger & Donna L. Higgins, Housing and Health: Time Again for Public Health Action, 92 Am. J. Public Health 758 (2002).
[4] Carolyn B. Swope & Diana Hernández, Housing as a Determinant of Health Equity: A Conceptual Model, 243 Soc. Sci. Med. 1982 112571 (2019).
[5] Id.
[6] Id.
[7] Id.
[8] Id.
[9] Housing Instability, Healthy People 2030, https://odphp.health.gov/healthypeople/priority-areas/social-determinants-health/literature-summaries/housing-instability?utm_source=chatgpt.com.
[10] Racial Inequities in Housing, Opportunity Starts at Home, https://www.opportunityhome.org/resources/racial-equity-housing/ (last visited July 27, 2026).
La equidad en la vivienda es equidad en la salud: reconsiderando la salud más allá del consultorio médico
¿Creería que su salud y su esperanza de vida pueden estar determinadas no solo por su acceso a médicos o a un seguro médico, sino también por el lugar donde duerme cada noche? ¿Sabía que las mismas estructuras establecidas para criminalizar a las personas afroamericanas en Estados Unidos también limitan su acceso a un lugar seguro y estable donde vivir? La equidad en materia de salud suele abordarse desde la perspectiva del acceso a la atención médica. Sin embargo, mucho antes de que una persona acuda al médico, su salud ya se ha visto condicionada por el lugar donde vive. Por ejemplo, en Washington, D. C., los residentes del Distrito 3 pueden esperar vivir unos 87 años, mientras que los residentes del Distrito 8 tienen una esperanza de vida promedio de 72 años, una diferencia de 15 años dentro de una misma ciudad. [1] El lugar donde vive una persona puede tener consecuencias para su salud tan importantes como muchas afecciones médicas.
La Organización Mundial de la Salud explica que la equidad en materia de salud se alcanza cuando todas las personas pueden desarrollar plenamente su potencial de salud y bienestar.[2] Por ello, muchas personas suponen que la equidad en materia de salud significa garantizar que todos puedan recibir atención médica independientemente de su situación socioeconómica. Sin embargo, la atención médica por sí sola no puede contrarrestar los efectos de una vivienda insegura o inestable. El moho, las plagas, el plomo, las temperaturas extremas, el hacinamiento, la violencia y el estrés crónico pueden perjudicar la salud de una persona incluso antes de que acuda al consultorio de un médico.[3] Alcanzar una verdadera equidad en materia de salud exige reconocer que la salud también depende de que la vivienda sea asequible, segura y estable, y esté ubicada en una comunidad saludable.
La relación entre la vivienda y la salud puede entenderse a través de cuatro pilares interrelacionados: costo, condiciones, estabilidad y contexto.[4] El costo inasequible de la vivienda puede obligar a las familias a elegir entre pagar el alquiler y comprar alimentos, medicamentos u otros artículos de primera necesidad, al tiempo que aumenta el hacinamiento y la inseguridad energética.[5] Las condiciones de vivienda riesgosas, como la presencia de moho, plagas, plomo, contaminantes ambientales y peligros estructurales, aumentan el riesgo de enfermedades y lesiones.[6] La inestabilidad residencial, incluidos los cambios frecuentes de vivienda, los desalojos y la falta de vivienda, puede interrumpir la atención médica, el empleo y la educación, además de generar estrés crónico.[7] El contexto del vecindario también influye en la salud, ya que el acceso a aire limpio, alimentos nutritivos, transporte, espacios verdes y lugares seguros para hacer ejercicio varía considerablemente según el lugar.[8]
Sin embargo, estos pilares no se distribuyen de manera equitativa. Las comunidades de bajos ingresos y las comunidades de color tienen mayores probabilidades de enfrentar alquileres inasequibles, viviendas inseguras, desplazamiento y falta de inversión en sus vecindarios.[9] Estas desigualdades no son accidentales ni son simplemente el resultado de decisiones individuales. Son el reflejo de una historia de redlining (la práctica discriminatoria de negar préstamos hipotecarios e inversiones en determinados vecindarios principalmente por motivos raciales), segregación residencial, prácticas crediticias discriminatorias, zonificación excluyente e inversión pública desigual que continúa determinando dónde viven las personas y los riesgos para la salud a los que se enfrentan.[10] La mala salud suele ser producto de sistemas desiguales que limitan las opciones de las personas, y no simplemente una cuestión de responsabilidad personal.
Reconocer el papel de la vivienda en la salud y el Agosto Negro es solo el comienzo. La equidad en materia de salud y la verdadera liberación exigen hacer frente a todas las políticas y los desequilibrios de poder que determinan quién tiene acceso a una vivienda segura, estable y asequible. No podemos construir una sociedad más saludable si ignoramos las condiciones en las que viven las personas. Los responsables de formular políticas pueden comenzar a abordar estas desigualdades ampliando la oferta de viviendas asequibles, reforzando las protecciones de los inquilinos frente al desplazamiento, invirtiendo en la eliminación de riesgos ambientales como el plomo y el moho y apoyando el desarrollo comunitario en vecindarios históricamente desatendidos. Las comunidades de todo el país también han demostrado que las alianzas entre los sistemas de salud, los proveedores de vivienda y los gobiernos locales pueden mejorar tanto la estabilidad de la vivienda como los resultados de salud. Los médicos pueden tratar las enfermedades, pero no pueden recetar una vivienda segura, vecindarios estables ni protección contra el desplazamiento. Si la equidad en materia de salud es verdaderamente el objetivo, una vivienda segura y estable debe formar parte de la receta.
[1] Latisha Johnson, Health Outcomes Vary Widely across the Region. How Do People in Your Neighborhood Fare?, Greater Greater Washington (Nov. 16, 2018), https://ggwash.org/view/69879/heres-where-people-are-the-healthiest-in-the-washington-region.
[2] Health Equity, https://www.who.int/health-topics/health-equity (last visited July 21, 2026).
[3] James Krieger & Donna L. Higgins, Housing and Health: Time Again for Public Health Action, 92 Am. J. Public Health 758 (2002).
[4] Carolyn B. Swope & Diana Hernández, Housing as a Determinant of Health Equity: A Conceptual Model, 243 Soc. Sci. Med. 1982 112571 (2019).
[5] Id.
[6] Id.
[7] Id.
[8] Id.
[9] Housing Instability, Healthy People 2030, https://odphp.health.gov/healthypeople/priority-areas/social-determinants-health/literature-summaries/housing-instability?utm_source=chatgpt.com.
[10] Racial Inequities in Housing, Opportunity Starts at Home, https://www.opportunityhome.org/resources/racial-equity-housing/ (last visited July 27, 2026).


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